lunes, 8 de marzo de 2010

Mujeres que suenan. Día de la mujer.

   Junco lanudo (Eriophorum vaginatum). Fotografía: Sandra Gasque Andrés
Las mujeres hemos estado de boca cerrada durante tantos siglos... Igual se nos conoce por hablar mucho, pero no de cosas importantes. Es como si detrás de esas conversaciones que mantenemos, se escondiera algo, algún secreto que sentimos que aún no es tiempo de compartir. Y tal vez el mismo secreto tenga que ver justamente con compartir. Puede ser que no sepamos aún cómo hacerlo.

Pero ya son demasiados siglos sin hacerlo y una voz muy fuerte en mi interior me dice que ha llegado el momento.El disfraz ya nos queda pequeño. Seguramente alguna de nosotras podrá decir que nos quemaron en la hoguera, nos taparon la boca para siempre, nos hicieron cubrir la cara, el cuerpo, nos pusieron en el lugar más bajo que se nos pueda ocurrir.

Estamos de acuerdo, pero si nos quedamos en lo que ocurrió en esa pesadilla, estaremos contribuyendo a que la Humanidad no despierte y no pueda dar el salto que necesita y quiere dar. Y es esto lo que estoy sintiendo ahora. Que se quiere dar ese salto. Porque hemos visto, de todas las maneras posibles, que nada de lo que haya ocurrido merece ser repetido. Ese salto tiene mucho que ver con nosotras. Sin la mujer no hay salto. La mujer es un salto en sí misma.
 

Rosa silvestre (Rosa canina). Fotografía: Ofelia Gasque Andrés

La entrega, el ser receptiva, la hacen tener la confianza que se requiere para lanzarse a lo nuevo, a lo desconocido. Lo receptivo no siempre sabe lo que recibirá, pero no por no saberlo, puede evitar su condición de entrega.
Cómo compartir ese secreto que viene con nosotras si no sabemos explicárnoslo a nosotras mismas? Vamos copiando formas de expresarse, que podrían adaptarse a lo indecible de nuestra naturaleza, pero no llegamos a comunicar realmente lo que queremos. Primero debemos descubrir cuál es ese secreto. Reconociéndolo, accederemos a las formas de comunicarlo y compartirlo, ya que vienen juntas con él. Debemos estar abiertas a que sean maneras muy diferentes a las que podamos imaginarnos.
 
En el momento en que una lo reconozca, todo a su alrededor cambiará. La tierra seca se volverá fértil para ser sembrada con la simple presencia. Se acercarán primero aquellos que estaban esperando ansiosamente este momento. Vendrán mujeres y hombres a nuestro encuentro, para festejar el acontecimiento. Con que una lo reconozca, lo reconoceremos todas. Algunas lo experimentarán al mismo tiempo, otras un poco después, pero todas las mujeres de la tierra lo sentiremos, porque somos Una. La conexión entre nosotras es total, y esto es parte del secreto, que ya va dejando de serlo.
 
En el momento en que estemos en su presencia, los hombres reconocerán también qué significa ser hombres. Porque tampoco es lo que dejan que se vea. Su disfraz es muy viejo también. Aparentemente su boca no está tan tapada como la nuestra. La conexión con el corazón sí lo ha estado durante siglos. El sufrimiento y la desconexión han sido la constante de la Humanidad, desde que se escribieron las historias que nos han hecho memorizar.
 
Afinar juntas, cantar al unísono, sonar como una única Voz, danzar, reír a carcajada suelta, con el propósito claro de acceder a ese secreto que tanto queremos descubrir y compartir con todos, es el propósito de estos encuentros de mujeres que suenan.
Cantar para activar el centro de energía de la expresión, para que aflore lo que ha estado en un largo retiro de silencio. Ese poder pide salir, pide servir al bien común, pide ser utilizado, para así transformarse y dar paso a lo nuevo. Dar paso a la nueva mujer, capaz de compartir con el nuevo hombre, la magia de la vida, en celebración constante y en pleno uso de sus capacidades.
 
Sólo podremos estar entre mujeres, de una forma verdadera, cuando reconozcamos lo que somos. Sólo podremos encontrarnos realmente con los hombres, cuando tengamos conciencia de quiénes somos, despertando del sueño callado en el que hemos estado. Es nuestro derecho saberlo, y también nuestro deber.
Pero claro, un deber muy placentero que personalmente estoy deseosa de cumplir y de compartir con todas. Y en este placer ya va develándose más del secreto femenino…
 
*Texto de Mariana Ingold

8 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Un gran texto, Ofelia para un gran día y una gran celebración. Felicidades por el día que es y también por este blog y por las fotografías que has incluído hoy (muy acordes con las palabras).

Elvira dijo...

Me gusta eso de mujeres que suenan. Una frase que aborrezco es la de "calladita estás más mona". Es odiosa. Lo que dice es: "tú estás aquí para darme gusto y nada más. No te expreses, no seas tú."

El disfraz se quedó pequeño hace mucho tiempo. ¡Hablemos con fuerza y sin complejos, amiga!!

Preicosa la foto de Sandra.

Mil besos

Elvira dijo...

Ay, no dije nada de tu rosa, bellísima!!!

Ofelia dijo...

Hola Marcos,
ahora mismo está nevando en Barcelona y me gusta. La nieve limpia el ambiente y absorbe el ruido. Así que pido para este día que la voz sea nítida y las que palabras sean justas y claras para el beneficio de mujeres y hombres.

Felicidades a tí también por apreciar la grandeza de este texto.


Un beso violeta

Ofelia dijo...

Hola Elvira,
tengo la suerte de saber como suena tu voz: fuerte, clara, precisa, vital. Y agradezco el camino que recorres y tu enseñanza de lo que significa ser mujer.

Todos los besos del mundo

Elvira dijo...

¡Lo mismo te digo, querida amiga!!

Más besos

Rayuela dijo...

gran texto, gran foto,

gracias,Ofelia!


mil besos*

Ofelia dijo...

Hola Rayuela,

también gracias a tí por haberlo leído y formar parte de este gran movimiento de cambio.

Besos